Superados lo conceptos teóricos y prácticos iniciales (conocer los acordes y cómo se forman, cambiar entre ellos de manera fluida utilizando diversos patrones de acompañamiento…), ha llegado el momento de seguir avanzando en nuestro aprendizaje autónomo… ¡objetivo que buscamos desde el minuto 1 en nuestra escuela!

Al principio resulta difícil identificar los acordes y crear patrones rítmicos para acompañar, por ello os dejamos unos cuantos consejos que os ayudarán en el proceso:

  • Identifica el primer y el último acorde de la canción: en un 90% de la veces suele coincidir, en caso de que no coincida tomaremos de referencia el último. Este acorde nos servirá como punto de partida para establecer la tonalidad.
  • Partiendo de la tonalidad, forma los posibles acordes que podrán aparecer: recuerda cómo se lleva a cabo la formación de los acordes y su modalidad (mayor o menor) dentro de la tonalidad. Por ejemplo, si la canción que quiero interpretar está en la tonalidad de “do” los acordes que se crearán en cada grado y que podrán aparecer serán los siguientes:
    • I – Do (Do mayor)
    • II – Re (Re menor)
    • III – Mi (Mi menor)
    • IV- Fa (Fa mayor)
    • V – Sol (sol mayor)
    • VI – La (La menor)
    • VII – Si (Si disminuido o Si menor b5)
  • Prueba, identifica y selecciona: es común encontrar el uso de solamente 3 o 4  de estos grados (I – IV – V – VI) a lo largo de la canción. Además, suelen estar ordenados en patrones que se repiten durante las estrofas, puentes y estribillos. ¡Ha llegado el momento de poner a prueba el oido!.

Una vez tenemos claro los acordes que podremos utilizar, es hora de crear un patrón de acompañamiento:

  • Identifica el pulso y compás: el primer paso será identificar si se trata de un ritmo binario (común en el rock, blues, pop…) o ternario (se suelen identificar con vals, boleros… pero también los encontramos en el pop, un ejemplo sería “Lucha de gigantes” de Antonio Vega).
  • Crea y utiliza patrones de acompañamientos variados: usar diferentes estilos y patrones rítmicos si la canción lo permite (arpegios para las estrofas y rasgueos para los estribillos…), nos asegurará mantener la atención del que nos escucha. Cuantos más recursos utilicemos mejor interpretación alcanzaremos.
  • Menos siempre es más: recuerda cómo hemos creado patrones de acompañamiento en clase y no olvides que… ¡para que haya música tiene que haber silencio!.